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Tremendo el epitafio de Justus Von Liebig, material que hemos encontrado mientras preparábamos un curso.
¿Que quién es este tipo? Pues entre otras lindezas, se le considera el creador de los agroquímicos y con sus estudios consiguió tristemente desplazar el abonado orgánico de los cultivos y allanar el terreno de lo que décadas después se conocería como la revolución verde. El resto de la historia por desgracia, la conocemos bien.
Lo que no sabíamos es que en el lecho de muerte se arrepintió y nos dejó este epitafio que alguien se cuidó mucho de ocultar.

Liebig, oponiéndose a la idea de que el humus era una fuente directa de nutrientes de la planta, rechazaba la teoría del humus en la nutrición vegetal, afirmando que el contenido elevado de humus en un suelo no es la causa sino el resultado de las altas cosechas.

Ahora que lo sabemos, ¿cambiaremos de rumbo?

 

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Por desgracia, la verdadera belleza de la agricultura, con sus principios intelectuales estimulantes, es mayoritariamente subestimada. El arte de la agricultura se perderá a causa de ignorantes, no científicos y miopes maestros que convencerán a los agricultores para que depositen todas sus esperanzas en remedios universales que no existen en la naturaleza. Siguiendo su consejo, cegado por resultados a corto plazo, los agricultores se olvidarán del suelo y perderán de vista su valor intrínseco y su influencia. De buen grado admito que el uso de fertilizantes químicos se basa en supuestos que no existen en el mundo real. Se suponía que los fertilizantes debían conducir a una revolución agrícola completa. El estiércol tenía que ser completamente abandonado, y los fertilizantes minerales se iban a utilizar para reemplazar los minerales absorbidos por los cultivos. Los fertilizantes agrícolas harían posibles los mismos cultivos (trébol, trigo, etc) en el mismo campo, continuada e indefectiblemente según los necesidades de los agricultores.

He pecado contra la sabiduría del creador y, con razón, he sido castigado. Quería mejorar su trabajo porque creía, en mi obcecación, que un eslabón de la asombrosa cadena de leyes que gobierna y renueva constantemente la vida sobre la superficie de la tierra había sido olvidado. Me pareció que este descuido tenia que enmendarlo el débil e insignificante ser humano”.
La ley, la cual condujo mi trabajo sobre la capa arable del suelo, dice así: “Sobre la capa superficial de la tierra, bajo la influencia del sol, se desarrollara la vida orgánica”.
Así fue como el gran maestro y creador le brindó a los fragmentos de la tierra la habilidad de atraer y mantener a todos estos elementos necesarios para alimentar a las plantas y más adelante servir a los animales, como un magneto que atrae y mantiene partículas de hierro, de tal manera que no se pierda ningún pedazo.
Nuestro maestro adjuntó una segunda ley a la anterior, por medio de la cual la tierra que produce plantas se convierte en un enorme aparato de limpieza para el agua.
A través de esta habilidad particular, la tierra remueve del agua todas las sustancias dañinas para los seres humanos y animales (los productos de composición y putrefacción, de generaciones de plantas y animales muertos)”

JUSTUS VON LIEBIG (1803/1873). Rememorando su vida y trabajo
Estampado en la enciclopedia británica, 1899; pero retirado de las ediciones siguientes…400px-Justus_von_Liebig.ge